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Carta abierta a líderes políticos y funcionarios públicos de los poderes ejecutivo, legislativo, y judicial

Con esta carta abierta, queremos hacer llegar un muy importante mensaje a todas aquellas personas que hoy en día ostentan un cargo como Servidores Públicos y a aquellos que han visto en el noble ejercicio de la política, una forma de servir a sus congéneres.

El ocupar un cargo público, conlleva una tremenda responsabilidad debido a que al ser un Servidor Público, Usted está llamado a servirle a la gente y no esperar lo contrario, que las personas le sirvan a Usted.

La inversión y mala interpretación de estos roles es una de las razones que ha llevado al descrédito de la función pública. Por este motivo, tanto la política, como el ejercicio público se han ido desacreditando con el pasar del tiempo. Así mismo, la corrupción ha venido a ocupar una posición preponderante en la imagen que los pueblos tienen respecto de los funcionarios gubernamentales.

A través de este mensaje queremos darle a conocer una información de vital importancia.

El misterio de Dios y de Cristo ha sido revelado. Cristo está en medio nuestro, es una mujer, su nombre es Lisbet; Ella es la Esposa de Dios y hoy sabemos su nombre, Melquisedec.

Usted se preguntará: ¿Y qué relación tiene esta información, con el hecho de que Yo sea un Político o un Funcionario Público? Pues mucho; debido a la inmensa responsabilidad que conlleva el ser una persona que está investida de poder y autoridad constitucional para servir a la comunidad.

Cuando revisamos los eventos históricos de la Biblia, en los cuales encontramos Servidores Públicos como los Reyes de Israel, podemos ver la estrecha relación existente entre el éxito y el fracaso de estos individuos y su atención o rebeldía a las directrices Divinas. Así mismo, se pueden apreciar las gloriosas o nefastas consecuencias que incidían directamente en los pueblos, por la actitud de sus gobernantes.

Hoy los efectos son los mismos, pues Dios es el mismo ayer, hoy, y por los siglos.

El gran caos social, económico, ambiental, etc. depende del desconocimiento que las personas encargadas del poder público, tienen de Dios.

Finalmente, recuerde esta máxima bíblica:

No tuerzas el derecho; no hagas acepción de personas, ni tomes soborno; porque el soborno ciega los ojos de los sabios, y pervierte las palabras de los justos. – Deuteronomio 16:19.